sábado, 31 de marzo de 2012

La crisis del capitalismo y sus consecuencias nefastas: Respuesta a Arturo Damm Arnal y el perro Sarmiento

X Chucho Valdez

El 29 de Febrero de 2012 comienza con un alud de estupideces empresariales a través del canal 13 de Televisión Azteca, cuando Rafael Sarmiento entrevista a Arturo Damm Arnal, filósofo y economista burgués que en esta ocasión defiende las posiciones de dos de sus libros: El orgullo de ser empresario y “El punto sobre la í”.

Explica (con justa razón) que en la actualidad, a muchos empresarios les da pena decir que son empresarios (bravo), pero que él les ha dado conferencias y de ahí el motivo de su libro “El orgullo de ser empresario” (crasa literatura decadente); donde como lo dice el título, trata de convencer a los empresarios (privados) sobre su presunción de inocencia respecto de su rol social en el sistema capitalista justificando la propiedad privada sobre los medios de producción, difamando o de plano haciendo gala de ignorancia tratando de opinar sobre teoría marxista.

Argumenta que hay que sentirse orgulloso de ser empresario, porque “el empresario produce zapatos para que la gente pueda calzar”… ¿que los zapatos los produce el empresario? ¡Mentira!, ¡Mil veces mentira! El que produce todo es el trabajador.

 No es la luna que bajó a vernos. Somos nosotros los que subimos a observar la luna, y los aparatos que han ido a esta no son solamente un asunto de la ciencia. Toda la historia de la humanidad podría elaborarse justamente sobre la base de la historia del trabajo. Aun si excluimos la ciencia (lo cual no podemos hacer), todavía sería un hecho que no son los aparatos solos los que van a la luna sino lo que el trabajo ha creado. El trabajo ha creado las cosas primarias sobre la tierra, lo que realmente hace que el mundo funcione: comida, cobija, vestimenta. El trabajo lo ha creado todo. Pero no piense que porque el hombre trabajador ha creado todo esto, la única cosa que puede hacer es trabajo manual. Eso es lo que los capitalistas quieren que ustedes piensen. Raya Dunayevskaya, LA DIALÉCTICA HEGELIANA Y LA LUCHA POR LA LIBERTAD EN LA DÉCADA DEL SESENTA.

 Continúa Damm Arnal diciendo que hay que pagar un precio “por lo que el empresario produce” (que cinísmo), diciendo que a Carlos Marx se le olvida que hay que pagar un costo de producción, esta es una de las tantas estupideces que este baboso expone.

 “Para calcular el valor de cambio de una mercancía, tenemos que añadir a la cantidad de trabajo últimamente invertido en ella la que se encerró antes en las materias primas con que se elabora la mercancía y el trabajo incorporado a las herramientas, maquinaria y edificios empleados en la producción de dicha mercancía.

Los instrumentos de producción propiamente dichos, tales como herramientas, maquinaria y edificios, se utilizan constantemente, durante un período de tiempo más o menos largo, en procesos reiterados de producción. Si se consumiesen de una vez, como ocurre con las materias primas, se transferiría inmediatamente todo su valor a la mercancía que ayudan a producir. Pero como un huso, por ejemplo, sólo se desgasta paulatinamente, se calcula un promedio, tomando por base su duración media y su desgaste medio durante determinado tiempo, v. gr., un día.

Por consiguiente, si la cantidad de trabajo socialmente necesario materializado en las mercancías es lo que determina el valor de cambio de éstas, al crecer la cantidad de trabajo requerido para producir una mercancía aumenta forzosamente su valor, y viceversa, al disminuir aquélla, baja ésta.” Carlos Marx: Salario, precio y ganancia.

Incluso el mismo Hegel explicó este fenómeno de la desvalorización del trabajo al entrar en vigor la revolución industrial y su consiguiente desplazamiento del obrero por la máquina.

 “El valor del trabajo disminuye en la misma proporción que la productividad del trabajo aumenta… Las facultades del individuo se restringen infinitamente y la conciencia del obrero se degrada a su nivel más bajo de torpeza y negligencia”.



 Ello sin dejar de mencionar que con esto aumenta la cuota de plusvalía y la enajenación del trabajador, remitiendo sus funciones a movimientos puramente monótonos y repetitivos, baste ver en nuestra moderna época de trabajo automatizado, o más precisamente, los testimonios de los obreros japoneses fabricantes de televisiones de plasma, quienes se aburren de su trabajo, y afirman que aunque hacen miles de esas televisiones, ¡no les alcanza para comprarse una!, contradictorio, ello no lo creeran los que alaban las huelgas de sobreproducción japonesas, pero de ello nos encargaremos en otro artículo sobre la lucha de clases, el cooperativismo en Japón, y la degradación de la sociedad a la entrada del “libre” mercado. Ahora los japoneses conocen las “linduras” del “libre” mercado: indigencia, desempleo, pérdida de las jubilaciones. En Japón es todavía mal visto que alguien sea despedido de su trabajo, pues la tradición es que uno tenga el trabajo asegurado de por vida, esto gracias a las tomas de tierras y colectivización de las mismas tras la Segunda Guerra Mundial donde el movimiento obrero japonés comenzó a tomar medios de producción para convertirlos en cooperativas, ello les ha permitido elevar su nivel tecnológico o mejor dicho, mejorar la técnica de la producción día con día en beneficio de la sociedad nipona, ello hasta que llegó la plaga capitalista en la década de los noventas del siglo pasado, con ello también los japoneses ya conocen lo que es la crisis económica y que la bolsa de valores caiga de manera estrepitosa.

 La plusvalía relativa, es la descompensación del valor real de la mercancía, su precio y la relación, la ganancia del capitalista y el salario del obrero. Pongámoslo de este modo: si con la vieja técnica de producción se cotizaban 100 plumas producidas por un obrero en 8 horas que trabaja en una fábrica donde junto con él, se compone de 100 obreros, por un salario por ejemplo de 100 pesos mexicanos al día y las plumas se venden a 3 pesos, tendríamos una ganancia de 200 pesos para el patrón por cada obrero, esto multiplicado por cien, da la cantidad de 20 000 pesos de ganancia al día, menos el costo de transporte, suponiendo que se gastó 150 pesos de gasolina, 150 pesos del día de trabajo del transportista,  el patrón se queda con una ganancia neta de 19 700 pesos al día, o dicho de otro modo, de 197 pesos por cada obrero que llega a la fábrica y cumple con su jornada de trabajo. Entonces la cuota de plusvalía absoluta de cada obrero es de 200 pesos, pero de la cual se descuentan 3 pesos por concepto de transporte. Lo que cada obrero debería de ganar, serían 197 pesos al día y no cien, pero si el patrón se solidariza como un obrero más, y gana cien pesos al día en un régimen de cooperativa y deja de ser patrón, entonces a la cuota de ganancia (19 700 pesos) se le descuentan cien pesos, el salario nominal de cada cooperativista sería de 196 pesos.

 Pero si con la nueva tecnología trabajando de manera capitalista, despide a 90 trabajadores y se quedan trabajado 10 obreros que, con la nueva tecnología pueden producir diez veces más, es decir, 1000 plumas al día cada uno, la cuota de ganancia general es diez veces más grande: 197 000 pesos al día. Si esta cuota de ganancia se reparte entre 10 obreros, descontando 3 000 pesos de transporte si estas se llevan en diez camionetas con diez choferes, la cuota neta de ganancia general serían 194 000 pesos, entre diez, le tocaría a cada uno un salario de 19 400 pesos al día bajo un régimen cooperativista; pero bajo un régimen capitalista con patrón, a cada obrero le siguen pagando 100 pesos al día, si él produce una ganancia de 19 400 pesos al día, lo que le están robando es nada menos que 19 300 pesos de salario: a esto se le llama plusvalía relativa, cuando los medios de producción avanzan, se modernizan, corren trabajadores, con más tecnología se produce más, se paga lo mismo, entonces aumenta el grado de robo y explotación.

Cuando se trabaja con poca tecnología, hay que prolongar más la jornada del trabajo para que salga la ganancia del capitalista, en el caso citado, el obrero produce su salario en un tercio de 8 horas de trabajo, eso en la época moderna, pero en la época antigua, o donde la tecnología está muy poco desarrollada o es escasa, la jornada de trabajo se prolonga y los overos luchan porque esta se reduzca, en consecuencia el capitalista busca máquinas que le permitan reducir la jornada de trabajo, despedir trabajadores e ir sofocando las revueltas, pero son estas mismas los motores de los avances tecnológicos que contradictoriamente no nos están beneficiando a nosotros, sino a los patrones, esto es la plusvalía absoluta y la lucha por esta misma por su reducción. Ahí donde la plusvalía relativa se hace presente, aumenta el grado de explotación, el ritmo de trabajo, las horas de descanso, incluso sucede que cuando los capitalistas corren al 90% de la planta productiva, hacen trabajar al 10% a un ritmo más acelerado y trabajando más horas por el mismo salario, si no, los manda a la calle donde esperan muchos para ser exprimidos por ese salario miserable.

 ¡Calla miserable!, ¡No te quejes, cobarde! Yo soy una simple máquina que se mueve a impulsos de un motor; pero tú tienes sesos y no te rebelas, ¡desgraciado! ¡Basta ya de lamentaciones, infeliz! No soy yo quien te hace desgraciado, sino tu cobardía. Hazme tuya, apodérate de mí, arráncame de las garras del vampiro que te chupa la sangre, y trabaja para ti y para los tuyos, ¡idiota! Las máquinas somos buenas, ahorramos esfuerzo al hombre, pero los trabajadores sois tan estúpidos que nos dejáis en las manos de vuestros verdugos, cuando vosotros nos habéis fabricado. ¿Puede apetecerse mayor imbecilidad? ¡Calla, calla mejor! Si no tienes el valor para romper tus cadenas, ¡no te quejes! Vamos, ya es hora de salir. ¡Lárgate y piensa!. Ricardo Flores Magón. El obrero y la máquina, publicado en Regeneración número 226. 12 de febrero de 1916

En resumidas cuentas, la plusvalía absoluta es la extensión de la jornada de trabajo para que el salario del trabajador sea cubierto y quede ganancia para el patrón, la plusvalía relativa es aquella que se obtiene reduciendo la parte del trabajo necesario del obrero para cubrir su salario: con más tecnología y con la misma jornada de trabajo (trabajo necesario), en menos tiempo el obrero cubre sus cien pesos y con el resto de las horas llamadas trabajo excedente, se produce la cuota de ganancia:

“La plusvalía absoluta producida mediante la prolongación de la jornada de trabajo, es la que yo llamo plusvalía absoluta; por el contrario, a la que se logra reduciendo el tiempo de trabajo necesario, con el consiguiente cambio en cuanto a la proporción de magnitudes entre ambas partes de la jornada de trabajo, la designa con el nombre de plusvalía relativa” Carlos Marx, El Capital, Tomo I: Concepto de la plusvalía relativa

Pero lo que aquí nos interesa además y por si fuera poco, es la explicación de la crisis económica del capitalismo y porqué no, de la teoría del colapso capitalista. Las respuestas concretas a babosadas vendrán en orden secundario y quizá hasta trivial para nosotros, pero fundamentales para la asimilación de la realidad hacia los conceptos tratando de acortar la distancia para la supresión de esta contradicción.


I.                  Causas y consecuencias de la crisis capitalista
Habla Arturo Damm en una parte de su tonta entrevista sobre los monopolios, donde argumenta que estos dan precios que la gente puede pagar (por favor), todos nosotros sabemos realmente lo que sucede en la vida real y no en las posiciones abstractas de los teóricos de la burguesía. Los precios que los monopolios imponen nos llevan a contraer créditos con los bancos para no morir de hambre, recurrir a casas de empeño, préstamos a familiares y a los amigos, un préstamo para pagar otro préstamo con intereses de por medio, particularmente con empresas como Elektra. Bueno la conclusión de este señor “economista” es de lo más impresionante, su “cientificidad” sólo es equiparable a la de la “ilustre” hija de Peña Nieto (“le tienen envidia a mi papá porque son una bola de proles”), pero no va muy lejos, ya que no encuentra Arturo Damm argumentos ni siquiera en la economía política burguesa, contesta “los que están en contra de los monopolios es porque le tienen envidia a los empresarios”… sólo le falto decir, ni que yo fuera prole… Y si porque somos proles somos los enterradores de represores de la calaña de Peña Nieto y de empresarios ladrones monopolistas para pasar del capital como potencia social trastocando su carácter privado sobre los medios de producción hacia su carácter comunitario. Bien cabe recordar el libro de Lenin “Imperialismo, fase superior del capitalismo” donde explica que el imperialismo da las condiciones materiales: desarrollo de las fuerzas productivas y superconcentración del capital para que este se convierta en su contrario, en propiedad comunitaria.

“La acumulación de la riqueza en un polo es, en consecuencia, al mismo tiempo acumulación de miseria, sufrimiento en el trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación mental en el polo opuesto, es decir en el lado de la clase que produce su producto en la forma de capital… Cuanto mayor es la riqueza social... tanto mayor es el ejército industrial de reserva... Cuanto mayor es la masa de sobrepoblación consolidada... tanto mayor es la pobreza oficial. Esta es la ley general absoluta de la acumulación capitalista”. Carlos Marx

Para esta pequeña sección nos apoyaremos de dos autores: Raya Dunayevskaya y León Trotsky:

 La economía política ha creado dos teorías entre las cuales ha oscilado:

 1)      Que la producción crea su propio mercado
2)      Que al obrero le es imposible “adquirir” los productos que él mismo produce.

La gran contribución de Marx consistió en combinar dialécticamente a ambas, donde el rasgo fundamental sigue siendo el hecho de que la producción efectivamente crea su propio mercado aunque ello no negaba la existencia del subconsumo, sino simplemente mostraba que en el seno de la producción capitalista hay un descuido respecto de los límites del subconsumo. Raya Dunayevskaya. Marxismo y Libertad, Capítulo VIII. La lógica (de Hegel) y los alcances de El Capital. Tomos II y III.

 - A manera de paréntesis, mencionaremos un programa anterior de T.V. azteca, justo antes de esta nefasta entrevista, donde una de las panelistas recalcaba una y otra vez el hecho de que desde la entrada de la economía capitalista en su fase neoliberal, este descuido mencionado por Raya, alcanza las cifras en nuestro país de 3 millones de niños que mueren por motivos económicos: hambre y desnutrición en las últimas tres décadas (1982-2012).-

 Para desentrañar el embrollo de los mercados, Marx divide todo el producto social en dos y sólo dos sectores principales: El primero es el que produce los medios de producción y el segundo los medios de consumo… La plusvalía no es ningún espíritu flotante y etéreo entre el cielo y la tierra, sino que se inserta dentro de los medios de producción y dentro de los medios de consumo… Hay una preponderancia de los medios de producción sobre los medios de consumo y el punto de vista de Marx dice que la forma corpórea del valor predetermina el destino de las mercancías: el hierro no es consumido por la gente sino por el acero, el azúcar no es consumida por máquinas, sino por personas.

Lo que es producido es consumido porque se trata de producción capitalista, y la producción capitalista es la producción del capital y por lo tanto es consumida por el capital. Raya Dunayevskaya. Marxismo y Libertad, Capítulo VIII. La lógica (de Hegel) y los alcances de El Capital. Tomos II y III.

 Es decir no por una comunidad mundial no por criterios humanistas, sino capitalistas, donde la ganancia es primero, y cuando no se puede lucrar con los precios, pues se echan los sobrantes al mar para evitar que los precios se caigan también, mentira que como dice Arturo Damm: cuando un monopolista que sufre una crisis de sobreproducción (en sus zafias y trogloditas palabras, un monopolista al que le sobran productos), simplemente regala sus mercancías: ¿Cuándo han visto a MASECA, BIMBO, General Motors, Royal Duch Shell, o Walt Mart repartiendo mercancías? Si así fuera, ya se hubiera acabado el hambre, y eso hasta la ONU lo reconoce.

“La vida del capitalismo monopolista de nuestra época es una cadena de crisis. Cada una de las crisis es una catástrofe. La necesidad de salvarse de esas catástrofes parciales por medio de murallas aduaneras, de la inflación, del aumento de los gastos del gobierno y de las deudas, prepara el terreno para otras crisis más profundas y más extensas. La lucha por conseguir mercados, materias primas y colonias hace inevitables las catástrofes militares.

 Y todo ello prepara las catástrofes revolucionarias. Ciertamente no es fácil convenir con Sombart en que el capitalismo actuante se hace cada vez más “tranquilo, sosegado y razonable”. Sería más acertado decir que está perdiendo sus últimos vestigios de razón. En cualquier caso no hay duda de que la “teoría del colapso” ha triunfado sobre la teoría del desarrollo pacífico… Esta tesis —unida indisolublemente con la “teoría de la miseria creciente” y denunciada durante muchos años como “exagerada”, “tendenciosa” y “demagógica”— se ha convertido ahora en la imagen teórica irreprochable de las cosas tales como son. El actual ejército de desocupados ya no puede ser considerado como un “ejército de reserva”, pues su masa fundamental no puede tener ya esperanza alguna de volver a ocuparse; por el contrario, está destinada a ser engrosada con una afluencia constante de desocupados adicionales. La desintegración del capital ha traído consigo toda una generación de jóvenes que nunca han tenido un empleo y que no tienen esperanza alguna de conseguirlo. León Trotsky, ¿Qué es el marxismo?

En nuestra época diremos, la prueba de que la teoría del colapso ha triunfado la dan hasta los noticieros y la confirman las sucesivas manifestaciones contra los banqueros y oligarcas en todo el mundo, principalmente, las luchas que a ciegas tratan de derrumbar tiranos en los países árabes sin antes o en el mismo acto, hacerse del control de todos los medios de producción para que no se erijan nuevos tiranos. Más específicamente el movimiento de los indignados en todo el mundo, incluso en el corazón del imperialismo mundial: Wall Street, incluso se ve ahí la presencia de jóvenes que siguen desempleados luchando por una esperanza de vida, repartiendo solicitudes de empleo a los transeúntes, poniéndole cascabel al gato: los empresarios monopolistas que van desplazando al obrero, echándolo a la calle y reemplazándolo con una máquina. En la era de la tecnología y la información, seguimos sufriendo los estragos, las consecuencias de que la tecnología no sea utilizada en beneficio de la humanidad, sino en beneficio de una ligera capa de privilegiados.

 También recalca don arturín “Carlos Marx no toma en cuenta el trabajo del gerente, del transporte de mercancías” esa es una más de las estupideces de Artura Damm Arnal a la cual daremos respuesta inmediata, pero antes de entrar a ello, mencionaremos la división que hace Marx en el Capital entre trabajo simple y trabajo complejo, valorando el trabajo complejo de los ingenieros y los organizadores de la industria, incluso en la URSS se dio un salario preferencias a estos organizadores de la industria para que instruyeran a los obreros técnicamente para que estos teniendo a la mano los recursos técnicos que heredó el capitalismo, los utilizaran en función de la colectividad. Si todos ponemos nuestro esfuerzo en la producción ¿porqué le pertenecen a una sola persona? Burrada la nuestra.

 De hecho, la razón por la cual se puede ir a la luna pero no se puede resolver el problema de la vivienda justamente aquí en un barrio marginal, se debe a que siempre ha existido, en la sociedad de clases, la división entre la ciencia y la vida. Y Marx vio hace muchos, muchos años, hace ya más de 130 años, que si se va a tener un principio diferente hacia la vida y otro hacia la ciencia, se va a vivir en una mentira. Raya Dunayevskaya. La dialéctica hegeliana y la lucha por la libertad.

II.               ¿Cómo se determina el costo de producción y el precio de una mercancía?:¿La oferta como “¿determinante del precio?”.

  Haciendo gala de estupidez malintencionada o de una profunda ignorancia, Damm afirma que para Carlos Marx, la oferta era la determinante del precio de una mercancía. Quizá lo leyó de alguien que dice que leyó a Marx, pero nunca recurrió a la fuente directa, es decir al autor para poder criticarlo en base a lo que el autor escribe, no en base a lo que escriben otros que él escribía; ¡imagínense semejante barbaridad!, pero bueno, que se puede esperar de escuelas con escaso nivel académico (Tec de Monterrey, Ibero, Anáhuac) de carácter privado que en nada se comparan con el nivel académico de las universidades públicas (UNAM, UAM, IPN, Chapingo, UACM), he ahí la bancarrota de la educación privada. Pero bueno, pasemos a citar al discutido Carlos Marx que si en estos momentos reviviera, se volvería a morir, pero de risa:

El ciudadano Weston no podrá decirme por qué se paga una determinada suma de dinero por una determinada cantidad de trabajo. Si me contestase que esto lo regula la ley de la oferta y la demanda, le pediría ante todo que me dijese por qué ley se regulan, a su vez, la demanda y la oferta. Y esta contestación le pondría inmediatamente fuera de combate. Las relaciones entre la oferta y la demanda de trabajo se hallan sujetas a constantes fluctuaciones, y con ellas fluctúan los precios del trabajo en el mercado. Si la demanda excede de la oferta, suben los salarios; si la oferta rebasa a la demanda, los salarios bajan, aunque en tales circunstancias pueda ser necesario comprobar el verdadero estado de la demanda y la oferta, v. gr., por medio de una huelga o por otro procedimiento cualquiera. Pero si tomáis la oferta y la demanda como ley reguladora de los salarios, sería tan pueril como inútil clamar contra las subidas de salarios, puesto que, con arreglo a la ley suprema que invocáis, las subidas periódicas de los salarios son tan necesarias y tan legítimas como sus bajas periódicas. Y si no consideráis la oferta y la demanda como ley reguladora de los salarios, entonces repito mi pregunta anterior: ¿por qué se da una determinada suma de dinero por una determinada cantidad de trabajo?

Pero enfoquemos la cosa desde un punto de vista más amplio: os equivocaríais de medio a medio, si creyerais que el valor del trabajo o de cualquier otra mercancía se determina, en último término, por la oferta y la demanda. La oferta y la demanda no regulan más que las oscilaciones pasajeras de los precios en el mercado. Os explicarán por qué el precio de un artículo en el mercado sube por encima de su valor o cae por debajo de él, pero no os explicarán jamás este valor en sí. Supongamos que la oferta y la demanda se equilibren o se cubran mutuamente, como dicen los economistas. En el mismo instante en que estas dos fuerzas contrarias se nivelan, se paralizan mutuamente y dejan de actuar en uno u otro sentido. En el instante mismo en que la oferta y la demanda se equilibran y dejan, por tanto, de actuar, el precio de una mercancía en el mercado coincide con su valor real, con el precio normal en torno al cual oscilan sus precios en el mercado. Por tanto, si queremos investigar el carácter de este valor, no tenemos que preocuparnos de los efectos transitorios que la oferta y la demanda ejercen sobre los precios del mercado. Y otro tanto cabría decir de los salarios y de los precios de todas las demás mercancías. Salario, precio y ganancia, doctrinas del precio.


III.            La deuda pública como complemento de la explotación capitalista contra la población




 La deuda pública se convierte en una de las palancas más potentes de la acumulación originaria. Es como una varita mágica que infunde virtud procreadora al dinero improductivo y lo convierte en capital sin exponerlo a los riesgos ni al esfuerzo que siempre lleva consigo la inversión industrial e incluso la usuraria. En realidad, los acreedores del Estado no entregan nada, pues la suma prestada se convierte en títulos de la deuda pública, fácilmente negociables, que siguen desempeñando en sus manos el mismísimo papel del dinero. Pero, aun prescindiendo de la clase de rentistas ociosos que así se crea y de la riqueza improvisada que va a parar al regazo de los financieros que actúan de mediadores entre el gobierno y el país –así como de la riqueza regalada a los rematantes de impuestos, comerciantes y fabricantes particulares, a cuyos bolsillos afluye una buena parte de los empréstitos del estado, como un capital llovido del cielo–, la deuda pública ha venido a dar impulso tanto a las sociedades anónimas, al tráfico de efectos negociables de todo género como al agio; en una palabra, a la lotería de la bolsa y a la moderna bancocracia.

Desde el momento mismo de nacer, los grandes bancos, adornados con títulos nacionales, no fueron nunca más que sociedades de especuladores privados que cooperaban con los gobiernos y que, gracias a los privilegios que éstos les otorgaban, estaban en condiciones de adelantarles dinero. Por eso, la acumulación de la deuda pública no tiene barómetro más infalible que el alza progresiva de las acciones de estos bancos, cuyo pleno desarrollo data de la fundación del Banco de Inglaterra.



Como la deuda pública tiene que ser respaldada por los ingresos del Estado, que han de cubrir los intereses y demás pagos anuales, el sistema de los empréstitos públicos tenía que ser forzosamente el complemento del moderno sistema tributario. Los empréstitos permiten a los gobiernos hacer frente a gastos extraordinarios sin que el contribuyente se dé cuenta de momento, pero provocan, a la larga, un recargo en los tributos. A su vez, el recargo de impuestos que trae consigo la acumulación de las deudas contraídas sucesivamente obliga al Gobierno a emitir nuevos empréstitos, en cuanto se presentan nuevos gastos extraordinarios. El sistema fiscal moderno, que gira todo él en torno a los impuestos sobre los artículos de primera necesidad (y por tanto a su encarecimiento) lleva en sí mismo, como se ve, el resorte propulsor de su progresión automática.

 El perro Sarmiento pregunta a su entrevistado: “Pero hay quienes dicen que el ISR es una forma de esclavitud”. Esta es una pregunta tonta y mañosamente mal enfocada.

 Tras la aprobación del FOBAPROA (también conocido como ROBAPROA) una manera de echarle la mano a los bancos “quebrados” y la contratación de más de deuda pública con el extranjero, se calcula esta en 400 millones de pesos para 1994, creciendo hasta llegar a la insultante cantidad de  552 mil millones de pesos en 1998, 700 mil millones de pesos más tarde y actualmente se calcula en 4 billones de pesos, es decir 4 millones de millones de pesos. ¿Entonces Marx se equivocaba chatos? ¿No es esto un robo?. Si ayer esas eran las prácticas del Banco de Inglaterra, hoy son las políticas del Fondo Monetario Internacional para los países de América Latina quienes hemos pagado ya la deuda inicia y debemos 7 veces más de lo que el gobierno pidió prestado, por ello nos saca la lana a través del Impuesto Sobre la Renta (ISR), la tenencia, los prediales, los trámites para boda, divorcio, acreditación federal de la tierra y la vivienda, impuestos por el nefasto rescate carretero, etcétera, etcétera.



Libertad y propiedad.

 Perro Sarmiento: “Hay quienes dicen que la propiedad privada va contra la libertad”.

 A este argumento sin sentido, ya dimos una respuesta en una introducción reciente:

 No quiero dejar de señalar cómo Rosa Luxemburgo responde con mucha anticipación a esos teóricos burgueses que hasta el día de hoy siguen creyendo que sus teorías son innovadoras, nos quieren engañar y se engañan a ellos mismos diciendo que contratando más créditos amortiguaremos la crisis, eso es mentira, en México y en todo el mundo, el sistema crediticio es el sistema de la moderna usura, es lo que ha colapsado intencionalmente a la economía mundial para que los grandes capitalistas absorban las empresas quebradas de los capitalistas más chicos y a la vez generar más deuda para el 99% de la humanidad.

En el sistema capitalista: la evolución moderna de los sistemas de explotación también llamado moderno esclavismo, debemos señalar un aspecto de vital relevancia: que en la antigüedad esclavista, el esclavo tenía derecho a casa y comida segura, mientras que en la modernidad el obrero tiene el “derecho” y la “libertad” de morirse de hambre. Introducción a Reforma o Revolución de Rosa Luxemburgo. Sector de Trabajadores de la Otra Campaña (Oaxaca).

Finaliza el soso Arturo Damm mencionando que en su libro se mencionan las aportaciones a la economía de personajes de la talla de Albert Einstein, nosotros repoducimos un artículo excelente del genio de la física modera llamado ¿Porqué socialismo? Esta es la última respuesta en este artículo a los ignaros que dedicamos esta respuesta.

 Oaxaca de Magón a 29 de Febrero – 30 de marzo de 2012


Albert Einstein. ¿Por qué socialismo?

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